Terapia con niños y adolescentes
Lo que le pasa a un niño en determinado momento de su vida, que lleva a que sus padres o educadores piensen en una evaluación psicológica, se puede deber a diversos factores. Si bien sus características de personalidad pueden ser un elemento importante, en buena medida lo que le ocurra se relaciona con el contexto en el que vive y las relaciones que establece con sus más cercanos. En otras palabras, lo que hacemos los padres y cómo nos relacionamos con los niños y adolescentes influye muchísimo en su comportamiento, en su ánimo, y en definitiva en cómo van forjando su personalidad.
Desde este punto de vista, una terapia en la cual el paciente es un/a niño/a o adolescente, no necesariamente implica que las sesiones van a ser exclusiva o mayoritariamente con ellos, sino más bien o al menos tanto con ellos como con sus padres, para que de manera integral y eficiente se comprenda la situación, y se logren los cambios deseados.
Lamentablemente no es raro escuchar de terapias con niños, en las que las sesiones se extienden por un largo período de tiempo y en las cuales la participación de los padres es muy baja, no porque no les interese sino porque sencillamente no son citados, como si la responsabilidad del cambio estuviera exclusivamente en manos de los niños y su “ritmo para avanzar” y superar las dificultades.
